Biografía

Miquel Torrecilla al seu estudi

Nacido en Sabadell en 1947, Miquel Torrecilla comenzó su camino artístico de la mano de Jaume Mercadé y se formó con los maestros A. Ribera, Alfons Gubern y M. Rallo. En 1963 ingresó en la Escuela Massana, donde obtuvo premio y beca, y se graduó en 1968.

Su pintura ha seguido un lento proceso para explicar las emociones humanas a través de la naturaleza: desde la minuciosidad casi botánica de los márgenes floridos hasta la amplitud de los grandes paisajes.

Ha expuesto en Cataluña y Francia, y su obra forma parte de colecciones particulares de diversos países.

ESCUELA MASSANA, 1968 · GALERIA SUBEX, BARCELONA · SALA RUSIÑOL

«En el paisaje, mi yo se siente liberado de toda tensión. Desde la más humilde de las plantas hasta la majestuosidad de las montañas.»

La Crítica

«MIQUEL TORRECILLA en la Galería Subex. Barcelona. Nuevamente tenemos ante nosotros la más reciente creación plástica de este joven artista. Su obra está inmersa dentro de las corrientes más vanguardistas del momento actual, es uno de los mejores representantes de este movimiento, que nos demuestra que las mal llamadas vanguardias pretéritas no sirven para nada más que para demostrar el grado de incultura de un pueblo. Él nos presenta la obra bien hecha, bien explicada y de una temática altamente difícil, pero que, saliendo de sus pinceles y de sus manos, uno la encuentra fácil y a la vez fascinante. El tema tan realista que nos presenta de la misma y pura naturaleza —los prados floridos, los márgenes llenos de flores, o de hierbas verdes y dóciles al viento— hace que uno disfrute casi de la propia naturaleza; podría decirse, ante cualquier cuadro, que tan solo le falta el aroma de la hierba verde o de las flores. Celebremos tener artistas, artistas, que demuestren la verdadera cultura de nuestro pueblo.»

Josep Maresma Padragosa · Josep Maresma Padragosa

«En esta ocasión TORRECILLA se muestra como un consumado pintor de flores. No de las portentosas flores que atraen la mirada de cualquiera, metidas dentro de un jarrón o un vaso, sino de las flores salvajes que crecen entre las hierbas del campo o en el jardín. Con una pincelada muy precisa, esbelta y minuciosa, con una habilidad indiscutible, llena la tela hasta los bordes con un trozo de campo que confiere, gracias a la pintura, una sensación de realidad más auténtica, más bella y homogénea que la verdadera. El helecho, el cardo, la hierba y el espliego, la campanilla, el clavel o la margarita silvestres, unidos como en una trama, son ahora más sugestivos gracias a un proceso mental ("Introspección natural" se titula la serie) que consigue la sublimación de la realidad y, por tanto, hacer de lo pequeño una cosa grande.»

LA VANGUARDIA · LA VANGUARDIA

«MIQUEL TORRECILLA en la Galería Subex. Barcelona. Los paisajes de Miquel Torrecilla han crecido en él como una humilde planta que, al borde de los caminos o entre las piedras, levanta su tallo, busca el sol y se expande por la tierra. Cuando empecé a frecuentar su pintura la vi inmersa en el detalle, absorta en la contemplación de lo mínimo, entregada a la representación de todo aquello que es básico en el mundo vegetal, pero que la mayoría deja de lado. Como crítico me interesé por el amor que ponía en su paciente pincelada, por el frescor natural que conseguía a fuerza de insistir, por la naturalidad con que dotaba de importancia, vital y estética a la vez, a lo que crece sin que nadie lo cultive. Aun siendo muy difícil que ocurra, vi novedoso su lenguaje pictórico, pues estaba dentro de una temática ya establecida de antiguo, lo que realmente sentía. El realismo que practica nunca se apodera de las situaciones que crea, sino que sirve a las mismas para que nos comuniquen la vitalidad que las anima. Muchos y notables son los pintores paisajistas, pero también son mayoría entre ellos los que siguen unas pautas estilísticas y agotan en ellas sus posibilidades de expresión. Torrecilla tiene la gran cualidad de ser original sin singularizarse en las apariencias. Descubre en lo que ya parecía conocido; innova en lo que se suponía establecido; aporta espíritu a lo que podría entenderse como simple materia. Los paisajes de Torrecilla van a más a medida que se contemplan. Se entra en ellos como en la Naturaleza que crece libre y sin orden, pero que por sí misma establece una situación de belleza que está por encima de lo estético, pues proviene del impulso genérico de la tierra, de la luz solar y de la voluntad de pervivencia de todo lo creado. Así, sus cuadros nunca pierden el impulso con el que fueron creados.»

Josep Maria Cadena · Josep Maria Cadena

«Les quatre estacions" ("Las cuatro estaciones") es el título que, a mi parecer, merece esta excelente exposición de pintura. Es la puesta en escena de la naturaleza a través de la mirada del artista. De factura pictórica impecable, cuando contemplamos la obra de Miquel Torrecilla reconocemos cómo la primavera, la vida, emerge con fuerza, se despierta tras un largo letargo y se impone con todo su esplendor en perfecta armonía. En sus primaveras se puede aspirar el aroma del tomillo, del romero o de la salvia que crece entre la espesura del bosque. Magníficos campos de trigo, de amapolas y de avena, de lirios salvajes y margaritas, se mecen cálidamente al unísono a las órdenes de Eolo, ejecutando una bellísima danza. Caminos azules, limpios y transparentes, llenos de luz, nos recuerdan los largos veranos de nuestra infancia, los primeros amores y los amores prohibidos escritos en las estrelladas noches de verano. El paisaje más sereno, más introvertido y misterioso, el reconocemos en el otoño, donde ha creado la atmósfera más propicia, más extraordinaria. Pero además, Miquel nos sorprende con un hecho innovador: el paisaje de invierno, donde la nieve aparece por primera vez en una obra de reconocida madurez. Cuatro estaciones en su obra y cuatro estaciones en su vida. Quienes hemos tenido la suerte de seguir su trayectoria pictórica y, por tanto, su vida, asistimos a una primera época en que Miquel inspeccionaba la naturaleza con la minuciosidad del botánico, distinguiendo cada ejemplar con sus formas y colores. Con el paso de los años, así como la mirada, amplió el horizonte, fue a buscar entre los caminos de hierbas y tierra seca, cruzó ríos y montañas y encontró bellos campos llenos de luz y de vida. Y se sintió feliz. Y es que las razones que han impulsado a Miquel a manifestar sus anhelos, sus necesidades, su estado de ánimo y el entretenimiento de sí mismo y del entorno a través del arte, simbolizan la historia de su propia vida. Su técnica está basada en el dibujo minucioso y exquisito, realizado con gran precisión y refinamiento. En sus composiciones utiliza un punto de vista alto y esto le permite dar una mayor amplitud al paisaje. Con un dominio absoluto de la técnica al óleo, manipula los colores y otorga materialidad a las plantas, a la tierra, a los troncos y a las ramitas más frágiles. Pero lo más destacado es la capacidad para crear la atmósfera aérea más propicia, entre el rocío de la mañana y la luz del atardecer, algo que solo los grandes artistas son capaces de transmitir. En los paisajes de Miquel se llega a experimentar la sensación de penetrar en la lejanía, y esta exaltación de la realidad nos conduce a creer que el paisaje del cuadro forma parte de nuestro espacio, cuyo suelo invita a pisarlo. La obra de Miquel Torrecilla es soñada y deseada, cuidada y mimada, pero por encima de todo, amada.»

Dori Molero · Dori Molero